El racismo, un viejo reflejo europeo El racismo es una vieja historia. Es, quizá, el más viejo reflejo del hombre. Algunos países de Europa se ven sacudidos hoy por sobresaltos xenófobos o claramente racistas. El odio al extranjero alimenta pasiones estériles y vuelve a dinamizar la acción política. Hay que señalar que ese rechazo no se dirige a todos los extranjeros; son los pobres los que están en el punto de mira y los que sufren la violencia. El racismo ataca a los más desvalidos. Es más fácil y más rentable. La pobreza tiene mala reputación. También tiene mala prensa. Un inmigrado, legal o clandestino, no es fotogénico. Su apariencia física, su olor, su manera de hablar, sus andares, su mirada, no corresponden a la imagen convenida y admitida. De ahí la exclusión. Para muchos el racismo es, ante todo, algo epidérmico; evidentemente, puesto que cualquier análisis científico desmonta y hace trizas todas las tesis racistas. La ignorancia, más el miedo...