martes, 14 de junio de 2016

Los cuidados. Luis García Montero


Los cuidados.

Cuando uno da un mal paso, lo mejor es caer en buenas manos. 

El viernes pasado, a las ocho de la tarde, caí en el foso de un teatro. En un segundo cambia todo, uno se ve dominado por el vértigo y por una sucesión de acontecimientos que ya no puede controlar. En la caída no se pierde la conciencia, pero cualquier idea o cualquier sensación desembocan en la espera de un final. A ver cómo acaba esto. En la meditación de la convalecencia, los episodios pueden ordenarse. Al hacer inventario uno recuerda el golpe que fracturó la rodilla izquierda y el que dañó el hombro derecho. Uno recuerda también la sensación de la propia debilidad, la conciencia de pasar a depender de los demás. 

Mis amigos Rafael y Cristina me llevaron a un centro de salud para que una médica me hiciese el primer examen. Luego me acompañaron al hospital en el que tres radiografías y dos consultas me dieron un diagnóstico de los daños. Faltaban otras pruebas, otros pasillos y otras salas de espera, pero había empezado ya el tiempo de la fragilidad, de los médicos amables,de la vida cotidiana llena de impotencias: el no poder desnudarse solo, el no poder lavarse solo, el no poder levantarse solo para abrir una puerta. El adjetivo solo es un alma de doble filo. Sirve para defender la independencia individual, pero se convierte con facilidad en una trampa cuando nos asalta el mal humor de nuestras propias debilidades. 



Al día siguiente, Rafael condujo mi coche durante 400 kilómetros para traerme a Madrid. Soy una persona con el brazo derecho en cabestrillo, con la pierna izquierda inmovilizada y con una permanente necesidad de las manos ajenas. Manos que me traen agua, me quitan o me ponen la ropa, me preparan la comida, me ordenan las almohadas de la cama y me sostienen de pie al andar por la casa.

La palabra compromiso siempre ha estado unida a la palabra amor. Conviene tenerlo en cuenta porque son muchos los momentos en los que uno comprende que convivir significa cuidar y ser cuidado. El deseo de ayudar a los demás no nace sólo de la generosidad, la fuerza propia que ponemos al servicio de los otros. También es decisiva la conciencia de nuestra propia fragilidad, nuestra ignorancia, nuestras limitaciones, las dudas que rodean cualquier existencia y que pueden llamarse enfermedad, extranjería o vejez. Necesitamos cuidar porque necesitamos que nos cuiden. Y en los cuidados no hay más razón verdadera que el amor. 

El pensamiento conservador esgrime la idea de la familia en sus debates sociales para imponer unas costumbres tradicionalistas: mujeres sumisas, prohibición del aborto, fidelidad conyugal… La realidad de nuestra crisis económica ha mostrado otra idea mucho más poderosa, más decente: los padres que ayudan a sus hijos en paro, los abuelos que comparten su pensión, los hermanos que se cuidan en horas difíciles, los jóvenes que contribuyen a que sus viejos puedan pagar la calefacción durante el invierno. Esta solidaridad económica no tiene sentido si no vive el amor por medio, un deseo de cuidar y de cuidarse convertido en forma de existencia. 

El amor se llama a veces complicidad en el grupo de amigos, o compañerismo en una redacción, o fraternidad en una ilusión colectiva. Si estuviese en la mili me declararían inútil total; entre mi gente, soy alguien que necesita ayuda externa. 

Hace mucho calor. Mi mujer me trae un zumo de limón mientras mi hija escribe las palabras que le dicto. Me ayudan a cumplir con el compromiso de este artículo. Les explico que se trata de un artículo político. Uno de los artículos más políticos que he escrito nunca. En política deja de ser respetable muy pronto aquello que no tiene que ver con el amor. El pensamiento de la izquierda intenta sacar a la luz de las plazas públicas, de los hospitales públicos, de los colegios públicos, la necesidad de cuidar y de ser cuidado. El adjetivo solo es digno cuando afirma el derecho a la libertad individual, pero se convierte en una trampa cuando supone una condena al desamparo y la precariedad.
ENLACE:

domingo, 5 de junio de 2016

Día Internacional Sin Humo. Colegio Antonio Gala.



Día Internacional Sin Humo. 
Colegio Antonio Gala.

Hoy en nuestro recreo de ESO personal sanitario de San Hilario se encuentra pasando una encuesta sobre el consumo de tabaco y cachimbas entre nuestros jóvenes y concienciando sobre los efectos de dicho consumo.


jueves, 26 de mayo de 2016

Operación Kilo. RECOGIDA DE ALIMENTOS. FUNDACIÓN BANCO DE ALIMENTOS





Operación Kilo.
RECOGIDA DE ALIMENTOS. 

 FUNDACIÓN BANCO DE ALIMENTOS

Una vez terminada hoy  la Campaña (16 A 26 de Mayo) el resultado 

final conseguido ha sido......................  353 Kgs






sábado, 21 de mayo de 2016

Operación Kilo. RECOGIDA DE ALIMENTOS. FUNDACIÓN BANCO DE ALIMENTOS





Operación Kilo.
RECOGIDA DE ALIMENTOS. 

 FUNDACIÓN BANCO DE ALIMENTOS

RECOGIDA DE ALIMENTOS en el nuestro Colegio para la Campaña de LA FUNDACIÓN BANCO DE ALIMENTOS de SEVILLA.

16 A 26 de Mayo. (Productos no perecederos)

jueves, 19 de mayo de 2016

¡Cuidado! Llega la hiperpaternidad.




¡Cuidado! Llega la hiperpaternidad.
Los niños de hoy son víctimas de una nueva epidemia de sobreprotección que les impide ser autónomos y les hace frágiles

Si usted carga con las mochilas de sus hijos en cuanto salen del colegio, ¡cuidado!, podría entrar dentro una nueva categoría: los hiperpadres, temidos por maestros y pedagogos, que organizan hasta el último detalle de las vidas de sus hijos y no les dan opciones para valerse por si mismos. 
Pero, además del pequeño detalle de la mochila, ¿cómo reconocer si formamos parte de ese grupo? La periodista Eva Millet lo define perfectamente en su último libro: los hiperpadres hablan en plural cuando se refieren a las cosas de sus hijos («hoy tenemos examen de matemáticas»), están obsesionados con que reciban la mejor educación (a poder ser, precozmente) en el mejor colegio o universidad, discuten constantemente las posiciones de maestros y entrenadores, planean  numerosas actividades extraescolares y, sin embargo, no permiten que sus hijos participen en las tareas de  la casa ni asuman obligaciones básicas como hacerse la cama o poner la mesa. 

Padres mayordomos

Son padres que ejercen de chóferes, entrenadores, guardaespaldas, profesores particulares y mayordomos... en resumen: estresados, que acaban criando hijos agobiados que crecen incapacitados por exceso de protección. Las causas, según explica el experto Carl Honoré en el libro, pueden buscarse en la «tormenta perfecta en la que intervienen la globalización y un aumento de competencia que, unidos a la inseguridad cada vez mayor en los lugares de trabajo, nos han hecho más ansiosos respecto a preparar a nuestros hijos para la vida adulta». En resumen: «hoy queremos dientes perfectos, un cuerpo perfecto, las vacaciones y la casa perfecta y, obviamente, los niños perfectos para completar el cuadro». A esto hay que sumar el estrés del estilo de vida que nos han impuesto, que transmitimos a nuestros hijos con ese omnipresente «¡corre!» que nos persigue sin descanso y hace que, como explica la pedagoga Cristina Gutiérrez Lestón, «toda esta falta de tiempo y de espacio para 'ser' genere una serie de carencias emocionales en muchos niños y niñas, que no saben desenvolverse en un grupo de gente. Se sienten débiles y con un montón de  miedos».
La conclusión, aseguran, es preocupante: tal vez estemos criando la generación más frágil e insegura de la historia», lo que para Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, debería hacernos pensar que, ante todo, los niños necesitan unos padres relajados. «Es un derecho de la infancia», asegura.

Por dónde empiezo

A pesar de la alarma, el panorama tiene solución. El camino a seguir se llama underparenting, o, en otras palabras, hacerles menos caso a los hijos. ¿Y cómo se hace eso? La experta propone en el libro algunas claves para poder empezar,que comienzan, otra vez, con la mochila. «Usted no ha de cargar por sistema con sus cosas. Parece una nimiedad, pero que carguen ellos con su mochila es una forma efectiva de educar la responsabilidad».
También sugiere que no se les permita a los niños interrumpir las conversaciones, y que no les preguntemos sistemáticamente todo (desde qué quiere comer hasta qué medicamento prefiere tomarse para la fiebre). La línea a seguir se define como «sana desatención», sin anticipar todo tipo de contratiempos ni pasarse el día alrededor de los niños para intervenir a la mínima de cambio. En la lista de recomendaciones se incluyen otras muy curiosas y concretas, como la de no hablar en plural o no pasarse el día colgando fotos de los hijos en las redes sociales. «Esta avalancha, no solo esta consiguiendo matar la espontaneidad infantil, sino también crear pequeños narcisos».
Otro aspecto importante es el de la educación. Aquí la experta es clara: «la educación no consiste solamente en adquirir títulos (). Que su hijo o hija sean capaces de dar las gracias y de encajar una frustración es también parte fundamental de su formación». Es importante, además, no interferir demasiado en las decisiones del colegio e intentar que el niño aprenda a asumir sus propios errores.

Relájense, sin miedo

Pero ¿qué es lo que nos impide soltar a nuestros hijos de la mano? ¿por qué los sobreprotegemos hasta rozar muchas veces el ridículo? Pues algo tan humano como el miedo. «Miedo a equivocarnos -explica la autora-. A decirles «no». A traumatizarlos. A o darles todo lo que consideramos que se merecen. A no conseguir que sean felices. A que sufran. Incluso a no conseguir esos hijos perfectos que parece que hoy todos hemos de tener». La receta para superarlo es relajarse, y disfrutar de ser padres, para que también ellos disfruten de ser hijos. «Mi consejo es que sean afectuosos con sus hijos, que estén con ellos cuando lo necesiten pero no encima de ellos todo el día. Que no se pongan nerviosos porque el hijo del vecino esté aprendiendo chino y, según sus padres, sea una criatura rayana a la perfección». Hay que decir no, exigirles que colaboren y también «decirles que les queremos, pero que ello no equivale a que tengan una serie de derechos adquiridos, ni sobre ustedes ni sobre el resto del mundo»
FUENTE:

miércoles, 18 de mayo de 2016

Carta de un hijo a todos los padres y madres del mundo


  
Carta de un hijo a todos los padres y madres  del mundo

No me des todo lo que te pida. 

 No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también. 

 -No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto. Cumple las promesas, buenas o malas.

 No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana.

 No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer, decídete y mantén esa decisión.  

Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.


 No digas mentiras delante de mí . Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices. 


 Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga el "por qué lo hice". A veces ni yo mismo lo sé.  

Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

 Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos.

 No me digas que haga una cosa y tu no la haces.

Cuando te cuente un problema mío no me digas "No tengo tiempo para tonterías" o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme. 



Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

ABRÁZAME, NECESITO SENTIRTE mi padre a toda hora.
  

viernes, 13 de mayo de 2016